AUTOBUSES ANUNCIO

La publicidad lo va invadiendo todo. Hace ya unos años que los autobuses urbanos de Zaragoza han pasado de disponer de zonas para anuncios en los laterales y la parte trasera a convertirse todos ellos en anuncio.

¿Por qué?

¿Qué consecuencias tiene para los usuarios?

Hay que suponer que los publicistas creen que la publicidad total, que envuelve el autobús, es más efectiva que la habitual, más pequeña y menos visible. Y la verdad es que es mucho más llamativa.

Pero envolver el vehículo con una lámina y que todo él sea un anuncio puede resultar un poco apabullante.

Veamos si el “Reglamento del Servicio Público de Transporte Urbano de Viajeros por Autobús en la ciudad de Zaragoza” dice algo en relación con la publicidad.

A primera vista no dice nada. En relación con las obligaciones de los viajeros, sí se prohíbe “distribuir publicidad, pegar carteles, mendigar y vender bienes o servicios en el interior de los vehículos.”

Bueno, los viajeros no podemos distribuir publicidad.

Tampoco podemos subir sin camiseta o en bañador, por ejemplo. Se trata de normas de educación. Normas que parece que muchos viajeros, de todas las edades, parecen desconocer cuándo ponen los pues en cualquier parte.

¿Y los autobuses?

Pues el reglamento no parecer decir nada.

Solamente dice que “la empresa concesionaria garantizará el cumplimiento de las condiciones técnicas y de seguridad exigidos a los autobuses.” “Los autobuses del transporte público urbano habrán de mantenerse en todo momento con las debidas condiciones técnicas y de seguridad, y en buen estado de conservación y limpieza.”

El autobús, además, debe disponer de identificación municipal y debe ser visible.

Vale, no dice nada. Pero sí que habla de seguridad.

¿La seguridad de los viajeros es la misma con los cristales oscurecidos (que no tapados totalmente) por la publicidad?

¿Podríamos hacerlo también en los coches particulares?

Parece que no, ¿verdad?

Pues entonces, ¿por qué en los autobuses urbanos si?

Hay quien los compara con los vehículos en los que se trasladaba a los prisioneros a los campos de concentración. Quizá sea exagerar.

Si antiguamente se nos enseñaban normas de urbanidad, normas de comportamiento, de educación, de respeto a los demás, de convivencia.

¿Habrá que pedir normas de respeto también a los autobuses?

Constancio Navarro Lomba

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